Desde la sierra de Gredos, y hasta las dehesas extremeñas, los vaqueros trashumantes guían sus vacas cada año en un duro camino que solo unos pocos se empeñan en conservar. De sol a sol es su trabajo, no es para cualquiera. Quizás por este motivo está en vías de desaparición. Mover a más de doscientas cabezas de ganado no es fácil, tienen que estar bien coordinados, pero no necesitan hablar entre ellos. Se comunican a base de gestos que traspasan el sonido de los cencerros. Cada uno sabe cual es su función. Estos nómadas mantienen viva una tradición muy antigua, y no solo eso, también mantienen viva una forma de ser y de entender la vida. Son los últimos cowboys españoles.